Liposucción sin cirugía

Hoy escuchando la radio, oigo una cuña publicitaria que me quiere vender la liposucción sin cirugía. Pero...¿existe la liposucción sin cirugía?

Comenzaremos asegurando que no existe tal liposucción sin cirugía. La liposucción por definición es un tratamiento quirúrgico que consiste en extraer la grasa por medio de una cánula de succión. Lo que si existen son tratamientos como la cabitación que pretenden resultados que se aproximen ¡nunca pueden igualarlos!.

La cavitación consiste en generar a través de un aparato de ultrasonidos, micro-burbujas en el interior de un líquido, fluido o material fisiológico, seguido de su propia implosión. De esta forma se logra destruir los depositos grasos que teoricamente deben ser canalizados por el sistema linfático para su eliminación.

Como toda la publicidad engañosa, la mayoría de los anuncios sobre cavitación nos presentan una técnica médica sin contraindicaciones;

La cavitación ultrasónica puede considerarse como un tratamiento alternativo a la liposucción quirúrgica, la cual puede resultar más o menos agresiva según se realice con o sin láser, y en zonas más o menos extensas. Los ultrasonidos permiten, de hecho, evitar el quirófano y evitar la anestesia, pues el procedimiento es indoloro y se puede realizar en la consulta médica. Pero no todo son ventajas. No es una técnica que se pueda aplicar alegremente a cualquier persona, sino que conviene siempre realizar un examen médico y una historia clínica completa. Así existen contraindicaciones para usar aparatos de cavitación para el tratamiento de la grasa localizada. Entre dichas contraindicaciones, absolutas o relativas según el caso individual, se encuentran la insuficiencia renal, la insuficiencia hepática, el llevar un marcapasos u otros dispositivos electrónicos, el embarazo, la lactancia, la hipertrigliceridemia, la hipercolesterolemia, etc.

También es importante extremar el cuidado cuando hay órganos vitales cercanos, e incluso evitar ciertas zonas (en función de la potencia de los aparatos usados), pues se pueden producir daños en el tiroides (cuando los tratamientos se realizan en el cuello) o en los ovarios (cuando se trata la zona abdominal). Por tanto, no todo está en el uso de equipos cada vez más potentes y, como es lógico, con mayor riesgo potencial, sino que hay que adaptar la potencia y la profundidad del tratamiento a la localización anatómica de la zona a tratar y a la cantidad y estructura del panículo adiposo de cada persona.

El principio físico de la cavitación no había sido usado por la medicina estética, hasta hace poco. Provoca la destrucción de la célula adiposa con la consiguiente transformación de la grasa en una sustancia líquida (diglicérido) que será eliminada a través del sistema linfático y vías urinarias. Las células grasas se ven expuestas a una sobrepresión, que rompe sus membranas, desencadenando la destrucción de los adipositos. La grasa que contienen –los triglicéridos- se fragmenta en diglicéridos, pudiendo ser éstos últimos expulsados a través de la orina. A través de una emulsificación de la grasa, se consigue cambiar el estado de los depósitos grasos, pasando de sólido a líquido, convirtiéndolos en una sustancia fácil de eliminar mediante la orina. Se aconseja una dieta hipocalórica y la ingesta de al menos dos litros de agua antes y después de cada tratamiento, dado que es una parte imprescindible para poder eliminar la grasa.

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