Cirujanos plásticos, dioses y vanidad

Hubo un tiempo en que los cirujanos plásticos se ocupaban de reconstruir y reparar los "errores" que la naturaleza había creado, o que los accidentes de tráfico, las guerras, las venganzas y las mutilaciones y torturas de los hombres provocaban. En esos días eran admirados por toda la clase médica y por el resto de la población.

Quizá fruto de esa admiración colectiva o quizá resultado del papel infalible que nos empeñamos en dar a la figura del médico en nuestra sociedad, los cirujanos plásticos se volvieron presuntuosos y engreídos. Pero se lo "perdonábamos" pues al fin y al cabo se ocupaban de arreglar desastres y de permitir que muchas personas pudieran tener una vida digna e integrarse en la sociedad.

Hasta que llegó un día en el que se empezó a utilizar la cirugía plástica con el solo fin de embellecer. Los cirujanos plásticos pasaron de reconstruir pechos mutilados en respuesta a un cáncer, a aumentar pechos que no necesitaban tal aumento. O pasaron de ayudar a los quemados a restaurar su piel, a hacer liposucciones para que algunos pudieran seguir bebiendo sus cervecitas o a algunas le entraran mejor sus pantalones. Y lo curioso es que estos cirujanos plásticos siguieron manteniendo ese aire de superioridad, esa vanidad característica.

La cirugía estética produce mucho dinero, otorga la fama, te permite salir por la televisión y algunos cirujanos acaban endiosados. Más de una vez les oímos decir de si mismo que son artistas, que exculpen cuerpos y que su trabajo es un arte.
Algunos solo están presentes a la hora de los halagos y desaparecen cuando las cosas se complican mandando a sus ayudantes o no recibiendo a sus malogradas pacientes.

Y aunque afortunadamente la mayoría son personas normales, este artículo esta dedicado a los que identificamos con un viejo chiste:

¿Sabes en que se diferencia un cirujano plástico de un dios?

En que un dios no se cree cirujano plástico

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